Managua es una ciudad que ha crecido estrepitosa y desordenadamente. Aquella novia del Xolotlán con sus calles ordenadas y numeradas, con el dulce sabor de su Centro, con la noble deferencia de aceras para el peatón, pasó a la historia con el terremoto del 72.
Hoy Managua es un monstruo, sin pies ni cabeza, un calvario para el peatón y culturalmente una mezcolanza entre lo bueno y lo malo de todas partes. Sin embargo, la forma en que cada quien elimina los desechos orgánicos, ha dejado de tener la discreción, privacidad y el recato de otros tiempos.
En pleno siglo XXI, la era de la globalización, la sociedad mediática y el avance tecnológico, día a día tenemos que soportar el terrible espectáculo de ver a cualquier ciudadano, con el mayor desparpajo abrirse la bragueta y en plena vía pública expulsar sus orines a los cuatro vientos. No importa que a menos de veinte metros esté una gasolinera que tenga un baño público, muchos taxistas, buseros, carretoneros, reparte pizzas, contadores públicos, abogados, diputados, etc. disfrutan de lo que parecer un placer, el hacer evidente sus primitivas necesidades. Luego de ipegüe son los mismos que después nos entregan un vuelto, nos sirven una pizza o simplemente nos dan la mano.
No importa si es de madrugada, mañana, tarde o noche, si es al cobijo de un muro residencial, atrio de iglesia o pared de negocio, si es a la orilla de la calle o a mitad de ella, la gracia es poner en alto la frente y expeler con la mayor potencia una demostración de sana vejiga.
Otra característica es que se trata de una práctica exclusivamente masculina, lo que nos hace pensar cómo es posible que las féminas tengan un control más recatado y disciplinado de su esfínter que los varones.
Otra particularidad de esta práctica es que se limita al número uno, lo del número dos está reservado para los CPF y para los ladrones.
El nuevo Código Penal establece penas para quienes hagan sus necesidades en la vía pública, tipificando este delito como faltas a la moral y a las buenas costumbres, entre otras 52 faltas.
El problema serio es que la ciudad capital no tiene opciones para quienes se desplazan a grandes distancias de sus hogares y necesitan un lugar en donde desahogar sus necesidades. Tal vez el Gobierno de
Mientras tanto, es recomendable que todos los ciudadanos tomen las providencias necesarias cuando van a salir por un buen rato de sus casas, siguiendo el modelo de las monjitas que salen listas y así evitar el terrible espectáculo de exponer sus miserias, contaminar el ambiente y arriesgarse a ser enchachado y ser lanzado como fardo a la tina de la camioneta de la Policía, quien sin asco lo expondrá ante los medios de comunicación, todavía con la bragueta abierta.



