jueves, 22 de enero de 2009

Requiem para el Munich




De repente, sin hacer bulla, casi furtivamente, cerró sus puertas el legendario Munich. Ni siquiera los mariachis que por tanto tiempo pulularon por ahí le cantaron Las Golondrinas, de rigor en ocasiones como estas.


Fueron más de cincuenta años de ser testigo de amanesqueras de los Managuas, desde su original ubicación en las inmediaciones del Palacio Nacional en la vieja capital. Ahí ocurrieron acontecimientos históricos, como el famoso encuentro entre David Tejada y Oscar Morales, que desencadenó una serie de funestos hechos. También recibió al gran mimo mexicano Mario Moreno “Cantinflas” quien después de una botella de ron sólo alcanzó a exclamar: Ahí está el detalle, chato. Ahí también se escribieron históricos editoriales y artículos periodísticos, se fijaron políticas económicas y se escribieron canciones. Luego continuó con su fama en su nueva ubicación después del terremoto, en las inmediaciones del Seminario Nacional, sobre la 35 Avenida Oeste, en donde en su época llegaba el Chigüin a jugar en compañía de sus compinches.


El Munich era el sitio obligado para continuar las fiestas que por recato finalizaban a la media noche. El tibio aire de la capital levantaba el ánimo para continuar con una botella de ron, unas deliciosas bocas y el romanticismo de la música de tríos y mariachis que le daban sabor a la madrugada.


Pero como cantaba José José: “Porque nada es para siempre”… al igual que la noche se retira con los primeros rayos de la madrugada, el Munich tuvo que decir adiós. Sería la crisis, el agotamiento y retiro hace algunos años de doña Angela Aguirre, su propietaria o el calentamiento global, quién sabe, lo cierto es que los trasnochadores tendrán que buscar un nuevo sitio para finalizar sus francachelas, tal vez en frente en La Guitarra o en La Rotonda de Bello Horizonte.

domingo, 18 de enero de 2009

La loca de Montoya




Muy cerca de la estatua de Montoya, un poco al este sobre la carretera sur, hay un pequeño busto de un prócer, sudamericano supongo, que tiene una pequeña "fuente", siempre con agua, de vez en cuando los capitalinos observan con la boca abierta, como una mujer, despojada de sus facultades mentales y de toda su ropa, llega hasta ahí, para hacer el ritual de su baño.

Se toma todo el tiempo necesario para dejar limpios todos sus rincones, ante el estupor de los transeuntes y de los conductores que transitan por el rumbo. Algunos se atreven a gritarle improperios, pero ella, sin inmutarse continua con su empeño.

Muchos exclaman: Qué vergüenza, al mirar a la pobre anciana exponiendo sus miserias a todo el mundo, pero a ella no le importa y nada detiene su cotidiana labor.

Muy cerca de ahí, se realizan actos más vergonzosos y denigrantes, sin embargo, ni a los transeuntes ni a nadie en Nicaragua parece sorprenderle. Pobre la gente que se ruboriza con la loca que solo quiere mantenerse limpia.

jueves, 15 de enero de 2009

La policía siempre en vigilia


Durante el año 2008 al menos tres policías murieron arrollados por automovilistas. Los automovilistas que provocaron estos trágicos accidentes fueron acusados de homicidio y procesados por los tribunales de justicia alcanzando penas de diez o más años. Puede ser que los motoristas tuvieran culpa, por exceso de velocidad, incluso por manejar bajo los efectos del alcohol, sin embargo, si el lector se fija bien la forma en que los policías de tránsito proceden para detener un determinado vehículo, existe una gran dosis de imprudencia temeraria al lanzarse a mitad de la vía para obligar al conductor a detenerse. Es decir, ocupan su cuerpo como una barrera para detener a los conductores, bajo la premisa de que todos tendrán la oportunidad de detenerse antes de llegar a impactarlos.

Además de constituir un delito esta acción temeraria de parte de los uniformados, en términos generales se trata de una práctica que está reñida con los procedimientos policiales de todo el mundo. En primer lugar en ningún lugar en donde no esté implantado el estado de sitio se detiene a los automovilistas para inspecciones de rutina. Solamente que el conductor hubiera cometido flagrante infracción, puede detenerse o a menos que se trate de un operativo para aplicar la prueba del alcoholímetro, la cual es programada, anunciada y para detener a los vehículos seleccionados al azar, se cuenta con los elementos de vallas, patrullas y demás precauciones para proteger tanto al conductor como a la fuerza policial.

Aquí en Nicaragua, cuando tienen la precaución de poner un cono justo después de una curva, el policía generalmente está escondido esperando la oportunidad para saltarle al conductor.

La Policía Nacional debe comprender que su labor debe de ser de prevención y no instalarse en los lugares en donde por la naturaleza de la calle o lo difícil de un semáforo, obligue a los conductores a realizar maniobras que puedan caer en una infracción. Ultimamente, no contentos con revisar los documentos de los conductores, le obligan, sin ningún asidero legal a abrir la cajuela del automovil. Luego deben de llenar una libreta con los datos de cada vehículo.

Estas prácticas lo único que provocan es la tentación de caer en la corrupción y en el peor de los casos, en la terrible pérdida de un uniformado.

La Policía Nacional debería confiar más en los conductores y castigar duramente a los infractores, sean quienes sean, sin poner en peligro la vida de sus agentes.

sábado, 10 de enero de 2009

Esta calle es mía




Tal vez a usted apreciado lector le ha sucedido que va transitando tranquilamente por algun sector de la ciudad de Managua, cuando de repente, la calle está bloqueada y debe de realizar algún desvío para tomar su rumbo original.

Pareciera estar de moda que cualquier hijo de vecino, sin tramitar ninguna clase de permiso, decide cerrar una calle para los más ridículos usos. Puede ser una fiesta de XV años, una vela, una misa, un rezo, una prédica, una celebración cualquiera. Es decir, cuando algún habitante de determinado lugar de la capital necesita más espacio para sus usos particulares, se le hace fácil utilizar la calle como parte de su patio delantero y basta con atravesar un bus, un carro o poner cualquier obstáculo para adueñarse de la calle, por el tiempo que el señor estime conveniente.

En cualquier parte del mundo, obstaculizar la vía pública es un delito que conlleva a severas sanciones, sin embargo aquí en Managua, parece ser algo divertido para las autoridades locales, pues nadie hace nada para evitar estos atropellos para el resto de la ciudadanía.

Si se trata de algún acto público del Gobierno actual, pues mucho peor, pues ahí la Policía se encarga de cerrar la calle y asegurar que nadie se acerque y mucho menos proteste.

De las aceras ni que hablar. Es más frecuente y más tolerado por las autoridades que cualquier cristiano que necesite más espacio se adueñe de la acera y que el pobre peatón deba bajarse a la calle con el riesgo de que algún cafre en el volante le pueda romper la humanidad. Esto también se observa en los mercados, que las locatarias tienen asignada determinada área y no contentas con la misma, deben adueñarse también de la acera para ampliar el espacio de sus negocios.

Los negocios que en otros países no obtienen su licencia de operación si no presentan un área exclusiva para el estacionamiento de sus clientes, aquí en Managua fácilmente obtienen el área de estacionamiento en la acera y que los peatones busquen un filito por donde pasar y además deben de estar atentos pues al circular por la acera, cualquier cliente que tenga prisa, puede hacerlo pomada al entrar rápidamente al "estacionamiento" del negocio.

Contiguo a la Iglesia de San Miguel, en la pista a la Refinería, había un Restaurante, que por cierto parece que afortunadamente ya cerró, pero puso una carpa en la acera y levantó un tapanco en donde colocó las mesas, dejando un galillo por donde la gente debía desfilar y además la acera vecina era su estacionamiento privado y si alguien que no fuera al Restaurante osaba estacionarse cerca, un CPF salía a desalojarlo. Hábrase visto.

Lástima que en la Alcaldía de Managua vienen tiempos difíciles y este tipo de problemas, sin duda alguna no será de la preocupación de las autoridades. Pobres los Managuas.

miércoles, 7 de enero de 2009

¿Qué nombre le pondremos?




Es muy posible que los Managuas nunca cambiemos nuestra costumbre de proporcionar direcciones de la manera más folklórica posible; de donde fue el Gato Abraham dos cuadras arriba, del Ceibón media al lago, de Papún tres y media a la montaña y así por el estilo. No importa que las calles tengan su denominación y las casas tengan su respectivo número, como ocurría antes del terremoto del 72.


En algún momento, las autoridades municipales tendrán que realizar un gran esfuerzo por regular la denominación de las calles y la numeración de cada domicilio. Por eso se haría necesario contar con una ley o norma que regule la denominación de las calles, especialmente cuando se bautiza alguna de ellas con el nombre de personas.

Con el fin de no estar cambiando a cada rato los nombres de las calles o avenidas, como ha sucedido con el nombre de las escuelas públicas, debe de llegarse a un acuerdo que recoja el consenso de la población en cuanto a la denominación, debido a que habría que guardar la esperanza de que habrá alternabilidad en el poder y considerar que las víctimas de un partido son los héroes del otro. Por lo tanto, debe de manejarse nombres de héroes, próceres o personajes nacionales sin connotaciones políticas.


Otra situación a normar y que está contemplado en muchos países es la prohibición de dedicar calles a personas vivas. Después que ocurrieron casos dramáticos en los cuales al final de sus vidas muchos personajes cometieron tremendos errores o desaciertos, o bien que se descubrieron pecados siniestros que el personaje tenía bien guardados, se acordó realizar esa prohibición.


Respecto a esto, se me viene a la mente el caso del Cardenal Miguel Obando y Bravo, que en alguna ocasión constituyera el personaje de mayor credibilidad y respeto en el país. Sobre esta base, se nombró primero una calle en el occidente de Managua y que va del Seminario Nacional al Banco Popular de Monseñor Lezcano y posteriormente a un Paseo que originalmente iba del Hotel Princess a la Radial Santo Domingo. Luego, vino el cambio radical en la imagen del Cardenal y del pedestal en que estaba en la opinión de todos los nicaragüenses, cayó estrepitosamente al suelo. No se sobó por puro orgullo, pero ha sido uno de los más grandes desencantos de parte de un personaje público que se haya visto en la historia de Nicaragua. No confundir con otros que ya desde que nacieron estaban más quemados que una semilla de marañón.

Dicen que del árbol caído todos quieren hacer leña y a los deslices del Cardenal se suman por asociación todos los cometidos por uno de los personajes más nefastos de Nicaragua como lo es Roberto Rivas, artífice del fraude electoral más burdo que jamás se hubiera conocido, incluso a nivel mundial.


Ahora, que como dicen por ahí, nadie da un cacao por el Cardenal, resulta que el Paseo que lleva su nombre, por requerimientos de la demanda vehicular debió ser ampliado y se extiende desde la Avenida Universitaria hasta la Pista El Dorado, surge la duda si debe de mantener su nombre. Es posible que si se realizara un referendum, el purpurado puede llevar las de perder. O tal vez será que el Paseo sea una alegoría de la trayectoria del Cardenal, pues comienza muy elegante en la Avenida Universitaria, con cuatro carriles, muy bien adornada; luego en el trecho después de la Carretera a Masaya, guarda su encanto; sin embargo, en su último trecho, a partir de la Radial Santo Domingo, inicia con una molotera por los semáforos mal sincronizados, se bifurca de una manera odiosa y cae en una ruta de adoquín por las calles del Barrio Carlos Fonseca.