De repente, sin hacer bulla, casi furtivamente, cerró sus puertas el legendario Munich. Ni siquiera los mariachis que por tanto tiempo pulularon por ahí le cantaron Las Golondrinas, de rigor en ocasiones como estas.
Fueron más de cincuenta años de ser testigo de amanesqueras de los Managuas, desde su original ubicación en las inmediaciones del Palacio Nacional en la vieja capital. Ahí ocurrieron acontecimientos históricos, como el famoso encuentro entre David Tejada y Oscar Morales, que desencadenó una serie de funestos hechos. También recibió al gran mimo mexicano Mario Moreno “Cantinflas” quien después de una botella de ron sólo alcanzó a exclamar: Ahí está el detalle, chato. Ahí también se escribieron históricos editoriales y artículos periodísticos, se fijaron políticas económicas y se escribieron canciones. Luego continuó con su fama en su nueva ubicación después del terremoto, en las inmediaciones del Seminario Nacional, sobre la 35 Avenida Oeste, en donde en su época llegaba el Chigüin a jugar en compañía de sus compinches.
El Munich era el sitio obligado para continuar las fiestas que por recato finalizaban a la media noche. El tibio aire de la capital levantaba el ánimo para continuar con una botella de ron, unas deliciosas bocas y el romanticismo de la música de tríos y mariachis que le daban sabor a la madrugada.
Pero como cantaba José José: “Porque nada es para siempre”… al igual que la noche se retira con los primeros rayos de la madrugada, el Munich tuvo que decir adiós. Sería la crisis, el agotamiento y retiro hace algunos años de doña Angela Aguirre, su propietaria o el calentamiento global, quién sabe, lo cierto es que los trasnochadores tendrán que buscar un nuevo sitio para finalizar sus francachelas, tal vez en frente en






