sábado, 10 de enero de 2009

Esta calle es mía




Tal vez a usted apreciado lector le ha sucedido que va transitando tranquilamente por algun sector de la ciudad de Managua, cuando de repente, la calle está bloqueada y debe de realizar algún desvío para tomar su rumbo original.

Pareciera estar de moda que cualquier hijo de vecino, sin tramitar ninguna clase de permiso, decide cerrar una calle para los más ridículos usos. Puede ser una fiesta de XV años, una vela, una misa, un rezo, una prédica, una celebración cualquiera. Es decir, cuando algún habitante de determinado lugar de la capital necesita más espacio para sus usos particulares, se le hace fácil utilizar la calle como parte de su patio delantero y basta con atravesar un bus, un carro o poner cualquier obstáculo para adueñarse de la calle, por el tiempo que el señor estime conveniente.

En cualquier parte del mundo, obstaculizar la vía pública es un delito que conlleva a severas sanciones, sin embargo aquí en Managua, parece ser algo divertido para las autoridades locales, pues nadie hace nada para evitar estos atropellos para el resto de la ciudadanía.

Si se trata de algún acto público del Gobierno actual, pues mucho peor, pues ahí la Policía se encarga de cerrar la calle y asegurar que nadie se acerque y mucho menos proteste.

De las aceras ni que hablar. Es más frecuente y más tolerado por las autoridades que cualquier cristiano que necesite más espacio se adueñe de la acera y que el pobre peatón deba bajarse a la calle con el riesgo de que algún cafre en el volante le pueda romper la humanidad. Esto también se observa en los mercados, que las locatarias tienen asignada determinada área y no contentas con la misma, deben adueñarse también de la acera para ampliar el espacio de sus negocios.

Los negocios que en otros países no obtienen su licencia de operación si no presentan un área exclusiva para el estacionamiento de sus clientes, aquí en Managua fácilmente obtienen el área de estacionamiento en la acera y que los peatones busquen un filito por donde pasar y además deben de estar atentos pues al circular por la acera, cualquier cliente que tenga prisa, puede hacerlo pomada al entrar rápidamente al "estacionamiento" del negocio.

Contiguo a la Iglesia de San Miguel, en la pista a la Refinería, había un Restaurante, que por cierto parece que afortunadamente ya cerró, pero puso una carpa en la acera y levantó un tapanco en donde colocó las mesas, dejando un galillo por donde la gente debía desfilar y además la acera vecina era su estacionamiento privado y si alguien que no fuera al Restaurante osaba estacionarse cerca, un CPF salía a desalojarlo. Hábrase visto.

Lástima que en la Alcaldía de Managua vienen tiempos difíciles y este tipo de problemas, sin duda alguna no será de la preocupación de las autoridades. Pobres los Managuas.

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