
Durante el año 2008 al menos tres policías murieron arrollados por automovilistas. Los automovilistas que provocaron estos trágicos accidentes fueron acusados de homicidio y procesados por los tribunales de justicia alcanzando penas de diez o más años. Puede ser que los motoristas tuvieran culpa, por exceso de velocidad, incluso por manejar bajo los efectos del alcohol, sin embargo, si el lector se fija bien la forma en que los policías de tránsito proceden para detener un determinado vehículo, existe una gran dosis de imprudencia temeraria al lanzarse a mitad de la vía para obligar al conductor a detenerse. Es decir, ocupan su cuerpo como una barrera para detener a los conductores, bajo la premisa de que todos tendrán la oportunidad de detenerse antes de llegar a impactarlos.
Además de constituir un delito esta acción temeraria de parte de los uniformados, en términos generales se trata de una práctica que está reñida con los procedimientos policiales de todo el mundo. En primer lugar en ningún lugar en donde no esté implantado el estado de sitio se detiene a los automovilistas para inspecciones de rutina. Solamente que el conductor hubiera cometido flagrante infracción, puede detenerse o a menos que se trate de un operativo para aplicar la prueba del alcoholímetro, la cual es programada, anunciada y para detener a los vehículos seleccionados al azar, se cuenta con los elementos de vallas, patrullas y demás precauciones para proteger tanto al conductor como a la fuerza policial.
Aquí en Nicaragua, cuando tienen la precaución de poner un cono justo después de una curva, el policía generalmente está escondido esperando la oportunidad para saltarle al conductor.
La Policía Nacional debe comprender que su labor debe de ser de prevención y no instalarse en los lugares en donde por la naturaleza de la calle o lo difícil de un semáforo, obligue a los conductores a realizar maniobras que puedan caer en una infracción. Ultimamente, no contentos con revisar los documentos de los conductores, le obligan, sin ningún asidero legal a abrir la cajuela del automovil. Luego deben de llenar una libreta con los datos de cada vehículo.
Estas prácticas lo único que provocan es la tentación de caer en la corrupción y en el peor de los casos, en la terrible pérdida de un uniformado.
La Policía Nacional debería confiar más en los conductores y castigar duramente a los infractores, sean quienes sean, sin poner en peligro la vida de sus agentes.



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