domingo, 8 de febrero de 2009

Resguardando nuestro patrimonio




A unas cuantas varas de la Iglesia El Carmen, contiguo a la Embajada de Francia para ser más precisos, tiene su residencia el mítico héroe mediático Edén Pastora. Donde a veces se mira estacionado un yate, ahí mismo se puede observar 24/7 un piquete de policías con armas automáticas resguardando el reposo del Guerrero.


En algunas ocasiones puede verse una que otra escena surrealista en donde el piquete de guardaespaldas escolta al legendario Comandante Cero a tomar un taxi.


Y así, mientras los índices de delincuencia se incrementan de manera alarmante en la ciudad capital, de la misma forma aumenta la cantidad de personas que gozan del privilegio de contar con la protección individual de parte de la Policía Nacional. No es la primera ocasión en que la Policía se declara en la lipidia, como pretexto ante el temor de la ciudadanía de quedar a merced del crimen organizado. Y mientras los capitalinos se encuentran manos arriba, se mira circular por la calle a cualquier hijo de vecino, sacando pecho, pues lleva tres o cuatro efectivos de la Policía cuidando su plácido paseo.


No es extraño que cualquier persona que se encuentre conduciendo un carrito de supermercado en alguno de esos establecimientos, cuando al voltear en algún pasillo una escuadra de policías resguarda la tranquilidad de dos mujeres, al saber hijas o compañeras de quién, mientras llenan sus carritos y pagan con una tarjeta que al saber quién cubrirá luego.


En estos días pululan por todas las arterias de la ciudad cada vez más vehículos adornados con luces y sirenas para la vía libre que pretenden que el resto de seres humanos hagan una reverencia cuando pasan.


Mientras tanto, el ciudadano común tiene que salir a la calle con el corazón encogido, pues no saben a dónde acecha el peligro de un asalto. La Policía Nacional por su parte, llorando miseria tiene que recurrir a incrementar sus multas para cubrir sus gastos irreductibles. Así que conduzca con cuidado, no vaya a ser que se haga acreedor a una multa para cubrir los viáticos de los abnegados guardaespaldas de don Edén.

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