sábado, 14 de febrero de 2009

Somos cuero del mismo tambor





Con mucho asombro la ciudadanía ha conocido los recientes casos de discriminación que han sido objeto hermanos costeños en diferentes puntos de la capital y en especial en la discoteca El Chamán. Pareciera mentira que en pleno siglo XXI pudan observarse estos casos, especialmente en Nicaragua, en donde la historia nos ha reafirmado nuestra condición mestiza y recientemente el escritor Sergio Ramírez en su obra "El tambor olvidado" nos abre los ojos sobre lo significativa que es en nuestra identidad la "negritud".

Lo que sucede es que uno de las principales fallas en la identidad del nicaragüense es renegar de sus orígenes, atenuada tal vez por tratarse de un trauma derivado de la conquista, en donde el vencedor impuso su raza, su lengua y su religión. Por esta razón aquellos que heredaron una piel un tanto más clara, discriminan a quienes la tienen más oscura.

Por otra parte, no debemos olvidar que a estas tierras no vinieron nobles a colonizar, sino malvivientes y convictos en su mayoría, así que nadie puede presumir de proceder de una rancia aristocracia.

Así que es tiempo de que las autoridades en este país, apliquen con todo el rigor el Código Penal vigente, en el cual se establecen sanciones para quienes promuevan la discriminación y tal vez esto sirva de escarmiento para que estos chicos bien pongan los pies en el suelo y se den cuenta que somos cueros del mismo tambor.

Por otra parte, creo que cada quien, a pesar de tener el pleno derecho de ingresar en el lugar que desee, debería analizar de previo en qué lugares puede sentirse mejor. Por ejemplo, cualquier ciudadano tiene el derecho a ingresar a un bar gay, sin embargo, estoy seguro que no se sentirá a gusto en ese ambiente, a menos que tenga esa inclinación o preferencia. A una pareja madura, no le agradará el ambiente ruidoso y banal de una discoteca para jóvenes y tampoco a unos jóvenes no le gustará el romanticismo de los restaurantes con tríos. Así que como dicen, cada oveja con su pareja. Tampoco hay que buscarle tres pies al gato.

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