
Después de una prolongada falta de billetes y monedas en Nicaragua, causada por la indolencia del Gobierno Central para mantener una masa eficiente de circulante, por un lado y por la acción nociva de los casinos y demás juegos de azar que utilizan para sus operaciones las monedas en circulación, al fin, los nicaragüenses tendrán un respiro al emitir el Banco Central de Nicaragua billetes de la denominación de diez, veinte, cincuenta, cien, doscientos y quinientos córdobas. Con esto se evitará las tribulaciones de los ciudadanos para encontrar cambio para la realización de sus transacciones cotidianas.
El problema ahora estriba en que según el diputado Wilfredo Navarro los billetes son ilegales debido a que según la ley correspondiente, los nuevos billetes deberían haber sido firmados por el Ministro de Hacienda, además del Presidente del Banco Central.
Yo personalmente creo que no vale la pena hacer tanto ruido ante un hecho que no tiene mayor trascendencia. En primer lugar, los billetes no son firmados uno por uno por estos funcionarios, sino que se registra el facsímil de su firma y se plasma en la impresión de los billetes. Tal vez si los firmaran todos llegaran a ganarse el salario que perciben. En segundo lugar, se supone que la ley establece que debe ir la firma del Ministro de Hacienda pues el mismo ha dado su autorización para la emisión. Esto es válido cuando se tiene un Ministro de Hacienda con poder de decisión, sin embargo, el actual Ministro no es otra cosa que un títere del Presidente y su pacotilla, así que su firma no tendría ningún valor agregado al título.
Por otra parte, si nos ponemos a irregularidades, hay una lista interminables de procedimientos reñidos con las leyes establecidas que harían merecedores de la cárcel a sus responsables, como el caso de la confusión estado-partido-empresa, con lo de la famosa Alba Caruna, o la carnetización de parte del FSLN de los empleados públicos, o la proliferación de propaganda partidista en las instituciones públicas o los procedimientos de exoneración de licitación realizados por todas las entidades gubernamentales.
Así que en consideración a la falta de billetes en el país, se podría perdonar esta justificada omisión, siempre y cuando no empiecen a poner en los billetes las fotografías de la familia real o peor aún, que empiecen a resellarlos para aumentar mil veces su valor.



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