martes, 9 de noviembre de 2010

No jueguen con mi libertad de elegir

Se supone que el servicio de televisión por cable tiene como objetivo ofrecer al usuario, alternativas de programación fuera del espectro nacional. Por una tarifa mensual convenida con el proveedor, se recibe la señal de cerca de 90 canales internacionales, además de los canales nacionales que a través de algún arreglo entre ellos y el proveedor del servicio de cable, se transmiten junto con las señales internacionales.

El usuario paga dicha tarifa para sentirse en libertad de escoger entre un programa sobre deportes, una telenovela colombiana, una serie dramática norteamericana, un programa musical italiano o las noticias de un canal alemán. Esa libertad de poder escoger el canal que le da la gana o practicar el "zapping" durante horas si eso le satisface, es la que paga gustoso en la tarifa que se le cobra religiosamente todos los meses.

Se está haciendo una costumbre que cada vez que el Presidente de la República va a dirigirse en cadena nacional, obligada para los radiodifusores o televisores nacionales que tienen una concesión de parte del gobierno, el proveedor del cable, muy convenientemente corta la señal de todos los canales. Esto es un atentado a la libertad del consumidor que debe gozar de la prerrogativa de mirar al Presidente o mirar un programa en el resto de canales que no están, o no deberían estar, en cadena.

Por qué razón, si se está pagando por un servicio específico, deben de suspenderlo para tener que sufrir las incongruencias que emanan de los comunicados del oficialismo. Esto equivaldría a que alguien contrate una discomovil para amenizar una fiesta y de repente, suspenda la música para trasmitir la cadena nacional que está por el radio.

Al igual que muchos nicaragüenses que no están esclavizados a la televisión, ante estas jugarretas de ESTESA, lo que he hecho es poner un DVD con alguna película o con un programa musical, pero por principio no pueden obligarnos a escuchar a ninguna persona, por muy alta que sea su investidura. Ya cada quien verá si luego lee lo relevante del discurso o simplemente se hace el desentendido ante cualquier declaración.

Si ESTESA no protesta enérgicamente ante TELCOR por esta arbitrariedad, corre el riesgo de perder muchos clientes, pues ante su actitud sospechosamente sumisa, al rato van a encadenar a todo el mundo para cualquier idiotez.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Otra vez collares y espejos

Es para quedarse helado. La noticia de que la selección española ha viajado a México a sostener un encuentro amistoso no tiene nada de sensacional. Lo que mueve a una profunda reflexión es el hecho de que tal como si estuvieran en plena conquista, repartiendo collares multicolores y espejos, los españoles visitaron la Basílica de Guadalupe para agradecer a la virgen del Tepeyac, su divina intermediación ante El Señor para que obrara el milagro de que la Furia Roja ganara la Copa del Mundial de Sudáfrica y hasta le llevaron la Copa ante el altar de la Basílica. Así que fue la virgen morena quien insistió ante el creador con el fin de que este abandonara sus menesteres en Haití, Afganistán o Pakistán para manejar con su poder divino el balón y que el triunfo fuera para los españoles.

Ya no fue la conjunción del talento de los mejores exponentes del futbol europeo y la magistral dirección del seleccionador Vicente del Bosque lo que tuvo que ver con la victoria de los ibéricos, sino la intervención divina.

Como una deferencia y signo de buena convivencia, los mexicanos tal vez disimularán ante el hecho de que les han dado atol con el dedo, pero en la tierra de Carlos Fuentes, Octavio Paz, Carlos Monsivais, no creo que se la coman sin bastimento.

Sería tal vez como un mensaje del Cielo que el partido amistoso terminó en un caballeroso empate de 1-1.

Como dicen los mexicanos: Está cañón.

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Cuál caballo?




El hipismo es una actividad que tiene sus bemoles. Para quienes la practican existen suficientes motivos para elevarla al rango de deporte nacional o máxima expresión de la nicaraguanidad. Para otros es simplemente un espectáculo que ante la ausencia de verdaderos eventos en donde admirar algo que valga la pena, no queda de otra alternativa. Para otros, no es otra cosa que mantener vivo el asombro de los antepasados indígenas cuando atónitos miraban a un ser humano encima de una bestia y que en momentos parecían un solo ente. La realidad es que como decía un comercial de los chicles, cada quien lo suyo y todos con Chiclets o en términos besibolísticos, cada quien picha su juego. Así que no queda de otra más que tener la tolerancia para ver estas demostraciones de complejos y abstenerse de criticarlos.

Lo que no puede hacerse a un lado, es la falta de sentido común de estos aficionados a los caballos, cuando organizan sus eventos. El domingo 21 de marzo pasado, a un superdotado hípico se le ocurrió realizar por la tarde un desfile hípico en El Crucero. Esto no tendría ninguna repercusión si no fuera porque ese lugar prácticamente no tiene calles y su principal vía de acceso es la Carretera Panamericana Sur. En forma paralela existen angostas callejuelas, que a lo más que llegan son a andenes, como dicen en ciertas colonias, de tal forma que si se bloquea la carretera, el tráfico se interrumpe automáticamente debido a la ausencia de vías alternas. Pues los sabios del comité organizador se pasaron por el arco del triunfo todas estas consideraciones y contra viento y marea y con la complicidad de la Policía Nacional cerraron la carretera, mientras ellos se pavoneaban en sus bestias por la única vía de ese lugar.

Mientras esto ocurría, en el trecho de Managua a El Crucero, unos dos kilómetros abajo, obligó la Policía Nacional a estacionarse a todos los furgones que transitaban hacia el sur, que coincidentemente en esa fecha parecían multiplicarse pues se hizo una fila de casi dos kilómetros. Por el otro lado, un poco menos congestionado, el tráfico de furgones y camiones fue suspendido y obligado a estacionarse en Las Conchitas. Mientras tanto, el resto de los vehículos fue obligado a transitar por las callejuelas laterales que al tratarse del tráfico en ambos sentidos, se armó un congestionamiento brutal debido a la estrechez de las mismas, aunque no tan estrechas como la mente de los organizadores.

Es increíble cómo la Policía Nacional pudo haber autorizado un evento de esta naturaleza, pues el costo del caos vial que se originó fue muy superior a la satisfacción de estos jinetes al verse admirados por la población de El Crucero. A lo mejor si se le hubiera dado la oportunidad a los equinos de opinar, hubieran ofrecido alternativas más sensatas.