miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Cuál caballo?




El hipismo es una actividad que tiene sus bemoles. Para quienes la practican existen suficientes motivos para elevarla al rango de deporte nacional o máxima expresión de la nicaraguanidad. Para otros es simplemente un espectáculo que ante la ausencia de verdaderos eventos en donde admirar algo que valga la pena, no queda de otra alternativa. Para otros, no es otra cosa que mantener vivo el asombro de los antepasados indígenas cuando atónitos miraban a un ser humano encima de una bestia y que en momentos parecían un solo ente. La realidad es que como decía un comercial de los chicles, cada quien lo suyo y todos con Chiclets o en términos besibolísticos, cada quien picha su juego. Así que no queda de otra más que tener la tolerancia para ver estas demostraciones de complejos y abstenerse de criticarlos.

Lo que no puede hacerse a un lado, es la falta de sentido común de estos aficionados a los caballos, cuando organizan sus eventos. El domingo 21 de marzo pasado, a un superdotado hípico se le ocurrió realizar por la tarde un desfile hípico en El Crucero. Esto no tendría ninguna repercusión si no fuera porque ese lugar prácticamente no tiene calles y su principal vía de acceso es la Carretera Panamericana Sur. En forma paralela existen angostas callejuelas, que a lo más que llegan son a andenes, como dicen en ciertas colonias, de tal forma que si se bloquea la carretera, el tráfico se interrumpe automáticamente debido a la ausencia de vías alternas. Pues los sabios del comité organizador se pasaron por el arco del triunfo todas estas consideraciones y contra viento y marea y con la complicidad de la Policía Nacional cerraron la carretera, mientras ellos se pavoneaban en sus bestias por la única vía de ese lugar.

Mientras esto ocurría, en el trecho de Managua a El Crucero, unos dos kilómetros abajo, obligó la Policía Nacional a estacionarse a todos los furgones que transitaban hacia el sur, que coincidentemente en esa fecha parecían multiplicarse pues se hizo una fila de casi dos kilómetros. Por el otro lado, un poco menos congestionado, el tráfico de furgones y camiones fue suspendido y obligado a estacionarse en Las Conchitas. Mientras tanto, el resto de los vehículos fue obligado a transitar por las callejuelas laterales que al tratarse del tráfico en ambos sentidos, se armó un congestionamiento brutal debido a la estrechez de las mismas, aunque no tan estrechas como la mente de los organizadores.

Es increíble cómo la Policía Nacional pudo haber autorizado un evento de esta naturaleza, pues el costo del caos vial que se originó fue muy superior a la satisfacción de estos jinetes al verse admirados por la población de El Crucero. A lo mejor si se le hubiera dado la oportunidad a los equinos de opinar, hubieran ofrecido alternativas más sensatas.