lunes, 29 de diciembre de 2008

Obras, no palabras ni señalamientos


Desde hace unos cuatro meses, nuestra ciudad capital ha sido literalmente perforada por sus cuatro costados. Estas obras, que no se sabe si serán del sistema de agua potable o del sistema pluvial, o si están siendo realizadas por la Alcaldía de Managua o por ENACAL, serían motivo de aplausos, pues es seguro que estas inversiones redundarán en una mejoría en el bienestar de los capitalinos, sin embargo hay dos aspectos que reprueban a estos esfuerzos. En primer lugar, el contratista pareciera que desprecia el factor tiempo, pues da la impresión de que está construyendo la Gran Muralla China considerando que cada foso que construyen se lleva más de tres meses desde que lo inician hasta que se dignan limpiar completamente la esquina que intervinieron. En segundo lugar, ni el contratista, ni el organismo que ordena las obras se ha puesto a pensar en las medidas de seguridad que deben de tomarse cuando una calle es abierta de esta manera, de tal manera que se conforman con poner unas varillas a las que rodean con una tirita amarilla.


Es notoria la oscuridad que prevalece en toda la ciudad capital, debido a que, a pesar de que se cobra puntualmente el alumbrado público a todos los usuarios de UNION FENOSA, nadie parece ser responsable de asegurar que este dinero se invierta en la iluminación de las calles de la ciudad capital. Si a estas penumbras se le agrega una calle abierta, sin más señalamiento que la tirita amarilla, el resultado seguro es un accidente de tránsito.


Como ejemplo puede usted tomar la perforación que se realizó el semáforo de donde fue la Pepsi Cola, al inicio de la carretera norte. En el día, es motivo de serios embotellamientos especialmente en las horas pico. Por la noche es peor, pues un vehículo que circule de este a oeste, por muy reducida que sea la velocidad a la que circula, es muy difícil que pueda ver la tirita amarilla, a menos que se encuentre a unos diez metros, cuando ya es muy tarde para frenar. Son varios ya los accidentes que han ocurrido en ese punto y lo peor del caso es que con mucha suerte, nadie tiene la culpa. Si el accidentado se descuida, la policía lo puede acusar de daños a la propiedad pública, exceso de velocidad, imprudencia temeraria, o cualquier otra de sus argucias.


En otro país, el gobierno de la ciudad o el organismo a cargo de las obras, puede ser demandado por cantidades astronómicas; pero aquí ni soñarlo.


Los estándares internacionales de seguridad exigen que en este tipo de obras se coloquen vallas especiales, con flechas de amplia visibilidad y con iluminación por la noche, de tal manera que garantice la seguridad de los ciudadanos.


La Policía Nacional, bien gracias, los agentes están prontos a poner una multa si usted dio una vuelta un milímetro más abierta, pero estas situaciones que atentan contra la vida de los automovilistas parecen no preocuparles. La Procuraduría de los Derechos Humanos, mucho menos, perece que en su agenda hay situaciones más relevantes.


Así que mucho ojo, cuando esté conduciendo, especialmente por la noche, extreme sus precauciones, disminuya al máximo su velocidad y péguese al parabrisas para que no lo sorprenda una de estas trampas mortales.

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